Acercar la programación y la tecnología a niñas y jóvenes desde edades tempranas es uno de los objetivos centrales de la iniciativa Niñas Pro en Ingeniería, un programa que busca fomentar vocaciones en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) a través de talleres formativos en distintas ciudades del país.
Recientemente, en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción, un grupo de 25 estudiantes de enseñanza media comenzó un nuevo ciclo del curso “Programación Competitiva Básico en C++”, iniciativa impulsada por Niñas Pro en colaboración con la casa de estudios. El programa está dirigido a alumnas desde 8° básico a 4° medio y busca fortalecer habilidades digitales, pensamiento lógico y confianza para desenvolverse en áreas tecnológicas.
En este contexto participa activamente Mabel Vidal, investigadora del Núcleo Milenio PhytoLearning y académica del Departamento de Ingeniería Informática y Ciencias de la Computación de la Universidad de Concepción, quien además integra el directorio nacional de la iniciativa.
Programación como herramienta para comprender el mundo
Según explica Vidal, generar espacios de formación temprana en programación es clave para ampliar las oportunidades de niñas y jóvenes en áreas tecnológicas.
“Desde mi experiencia en ciencia de datos y bioinformática, he visto cómo la programación se ha transformado en una herramienta fundamental para comprender y resolver problemas complejos. Sin embargo, muchas niñas no se imaginan a sí mismas en estos espacios porque históricamente han tenido menos exposición temprana a la tecnología”, señala.
Para la investigadora, iniciativas como Niñas Pro permiten mostrar que la programación es mucho más que aprender a escribir código.
“La programación es una forma de crear, analizar el mundo y proponer soluciones a problemas importantes, como el medioambiente o la salud. Cuando las niñas tienen la oportunidad de aprender en un entorno cercano y colaborativo, desarrollan confianza, curiosidad y un sentido de pertenencia en áreas STEM”, agrega.
Una comunidad que sigue creciendo
El nuevo ciclo del programa comenzó con una convocatoria que reúne cerca de 300 alumnas y más de 120 voluntarios en distintas sedes del país, incluyendo Coquimbo, Santiago, Concepción y Valparaíso.
Para Vidal, uno de los aspectos más valiosos de las primeras sesiones es la motivación de las participantes.
“La energía y curiosidad de las niñas es impresionante. Levantarse temprano un sábado para ir a programar es admirable. Muchas llegan con interés por aprender programación, pero también con ganas de entender cómo funciona la tecnología detrás de las aplicaciones que usan todos los días”, comenta.
Un elemento clave del programa es el rol de los voluntarios —principalmente estudiantes universitarios— quienes acompañan el proceso formativo de las participantes.
“Ellos se convierten en referentes cercanos. Ese vínculo es muy potente porque las niñas pueden verse reflejadas en personas que hace pocos años estaban en su misma etapa escolar y conocer de cerca la experiencia universitaria”, explica.
Reducir brechas desde etapas tempranas
Para la investigadora del Núcleo Milenio PhytoLearning, enfrentar las brechas de género en áreas STEM requiere actuar desde las primeras etapas de la formación.
“Las brechas de género en ciencia y tecnología no se generan solo en la universidad o en el mundo laboral, sino mucho antes, cuando niñas y niños reciben mensajes distintos sobre lo que ‘es para ellos’ o ‘no es para ellas’”, señala.
Programas como Niñas Pro buscan precisamente intervenir en esa etapa temprana, generando espacios donde las niñas puedan explorar sus intereses científicos y tecnológicos.
“Al aprender programación y compartir con otras niñas con intereses similares, se genera una comunidad que fortalece la confianza y el interés por estas áreas. Además, al realizar los talleres en colaboración con universidades, las participantes pueden imaginarse a sí mismas estudiando carreras científicas o tecnológicas en el futuro”, afirma.
Un impacto que ya comienza a notarse
El impacto de estas iniciativas ya comienza a verse en las trayectorias de algunas estudiantes. Vidal recuerda una experiencia reciente que refleja ese efecto a largo plazo.
“Durante una clase que dicté a estudiantes de primer año de Ingeniería Informática en la Universidad de Concepción, vi alumnas que habían participado en los talleres de Niñas Pro cuando estaban en el colegio. Verlas ahora iniciando su formación en ingeniería fue profundamente significativo”, relata.
Para la académica, ese momento confirmó el valor del trabajo realizado.
“Es una señal muy concreta de que estos espacios realmente pueden influir en las decisiones de las niñas y abrirles caminos hacia las áreas STEM. Para quienes impulsamos esta iniciativa, ver que dedicar tiempo al voluntariado realmente da frutos es algo muy emocionante”.
En un contexto donde desafíos globales como la innovación tecnológica, la salud o el cambio climático requieren equipos diversos, iniciativas como Niñas Pro buscan contribuir a construir un ecosistema científico más inclusivo y representativo.


